Enfoques

Los enfoques aportan y representan criterios conceptuales y metodológicos que deben ser aplicados en los diversos ámbitos de acción de una política para orientar el accionar de la sociedad que se desea construir. En el caso particular de Costa Rica, la construcción de la Política Nacional de Cultura tiene por fundamento los siguientes enfoques:

El enfoque de derechos

Se sitúa como un deber del Estado la integración de los principios éticos y legales de los derechos humanos en los modelos y en los planes de desarrollo. Esta perspectiva replantea el rol de los Estados y de las políticas, desde una visión que procuraba atender las necesidades de unos beneficiarios pasivos, a otra visión que reconoce a las personas como titulares de derechos y sujetos activos de la política. Desde este enfoque, los programas de desarrollo y las políticas deben fortalecer las capacidades de los titulares de obligaciones para cumplir con sus deberes y de los titulares de derechos para exigir el cumplimiento de los mismos. El eje central de este enfoque es por lo tanto, el reconocimiento de las personas como titulares de derechos que son inherentes, irrevocables, inalienables, intransmisibles e irrenunciables.

Entre los principales derechos, cobra especial relevancia el derecho a la cultura, de acuerdo con el Artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, y los Artículos 13 y 15 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Este derecho es afirmado y ampliado en otros acuerdos internacionales de distintas naturalezas, como es el caso del Artículo 5 de la Declaración Universal de la UNESCO en torno a la  Diversidad Cultural mismo que declara:

“Toda persona debe tener la posibilidad de expresarse, crear y difundir sus obras en la lengua que desee y en particular en su lengua materna; toda persona tiene derecho a una educación y una formación de calidad que respeten plenamente su identidad cultural; toda persona debe tener la posibilidad de participar en la vida cultural que elija y conformarse a las prácticas de su propia cultura, dentro de los límites que impone el respeto de los derechos humanos y de las libertades fundamentales” (2001, art. 5).

El enfoque de sensibilidad cultural

Esta es una perspectiva que deriva del enfoque de derechos. Se concentra en la consideración de los deseos, aspiraciones, expectativas, valores y prácticas culturales de las distintas personas que conforman una sociedad. Comprende por lo tanto la perspectiva de género, los derechos de la niñez y la adolescencia, el enfoque de juventud, así como consideraciones asociadas con poblaciones vulnerables, en situación de riesgo o en condiciones de marginalidad por motivos de etnia, sexo, salud, credo, nacionalidad, adscripción política, extracción económica o cualquier otra.

El enfoque de transversalidad de la cultura en el desarrollo

Focaliza la cultura como un elemento intrínseco del desarrollo, y no sólo como un valor agregado del mismo o como un instrumento para su consecución. Este enfoque implica una aproximación particular a las nociones de cultura y de desarrollo. En el caso de la cultura, supone el reconocimiento de su valor como factor de cohesión social susceptible de mitigar las tensiones de convivencia, las desigualdades entre grupos diversos, y como un recurso dinamizador de capitales simbólicos y materiales que tienen un papel medular en la vida política, económica y social de las poblaciones. Por lo tanto, la cultura se entiende como una dimensión que potencia el desarrollo social y económico de los pueblos. En el caso del desarrollo, este enfoque lo dimensiona como un conjunto de medidas que deben formularse de cara a las características particulares de las distintas sociedades, con miras al mejoramiento integral de las condiciones de vida de las personas mediante la ampliación de sus opciones para llevar la vida que desean y gozar del derecho a la libertad en todas sus variables, entre ellas, la cultural[1]. Esto implica integrar la perspectiva cultural en sus actuaciones y contenidos, así como una voluntad política que favorezca en programas y en presupuestos, el aumento de los recursos destinados a la cultura.

El enfoque de la interculturalidad

La interculturalidad es un paradigma que visualiza las relaciones que existen entre culturas diferentes como una dimensión consubstancial de la diversidad cultural y como condición ineludible para su fortalecimiento y su desarrollo. Esta noción se nutre de una comprensión de las culturas como entidades dinámicas y porosas, y de las identidades culturales como afiliaciones heterogéneas, transitorias y cambiantes.

Desde esta premisa, el interculturalismo es un modelo de gestión de la diversidad cultural que promueve la interacción, el intercambio y la retroalimentación entre distintas culturas, con sustento en prácticas de reconocimiento y de respeto mutuos.

El enfoque de equidad

Este enfoque se sustenta en la convicción de que sólo es posible concebir una democracia cultural cuando existen las condiciones para promover de forma equitativa el desarrollo humano. A diferencia de la igualdad, la equidad no procura anular las diferencias; por el contrario, postula el derecho a ser diferente como algo legítimo, y por lo tanto procura que aquellos aspectos que definen la distinción no se traduzcan en condiciones de desigualdad respecto a las posibilidades de acceso y de participación en los procesos de desarrollo. El enfoque de equidad implica por lo tanto el reconocimiento afirmativo de las diferencias –se encuentren estas asociadas al género, la etnia, la procedencia geográfica, la edad, la orientación sexual, las prácticas religiosas, culturales, etc.-, su incorporación equitativa en el diseño e implementación del modelo de desarrollo nacional, y su traducción en políticas redistributivas.